El método de los mejores maestros del mundo

Elianne Ros (La Vanguardia)
Actualitzat el dia: 15/09/2015

La norteamericana Nancie Atwell, ganadora del Global Teacher Prize y el aragonés César Bona, único español entre los 50 finalistas, son profesores con sistemas educativos que funcionan.

El lunes, decenas de miles de niños emprenderán el camino de la escuela con un cosquilleo en el estómago. ¿Qué tal será mi maestra (o maestro)? No solamente está en juego el curso. La influencia de un buen enseñante puede ser determinante para su futuro. Alguien que recordará de adulto cómo aquel profesor (o profesora) que le despertó el interés por una materia, que le hizo crecer como persona, que le abrió una ventana al mundo o incluso marcó la senda que tomaría su vida. Y quizá topará con uno de esos docentes excepcionales, que suelen romper los patrones establecidos y poner el alma en su trabajo, como Nancie Atwell, cuyos alumnos leen una media de 40 libros al año, o César Bona, empeñado en estimular creatividad y la implicación social de los estudiantes mediante proyectos innovadores.

El pasado mes de marzo, Atwell ganó el primer Global Teacher Prize, creado por la Varkey Fundation y otorgado por un jurado internacional que selecciona a los mejores –se presentaron unos 5.000 candidatos de 127 nacionalidades distintas– y en el que participan organizaciones como la Fundación Bill y Melinda Gates. Dotado con un millón de dólares (unos 900.000 euros) el galardón, considerado ya el Nobel de la enseñanza, pretende revalorizar una profesión a menudo poco reconocida y mal remunerada. En el emotivo discurso que pronunció durante la entrega del premio, celebrada en Dubái, el expresidente de los Estados Unidos Bill Clinton rindió tributo a “la importancia de enseñar”. “No apreciamos lo bastante el hecho de que cada profesor entregado es suficientemente inteligente como para haber hecho otra cosa en su vida, y casi seguro que estaría mejor pagado”, subrayó antes de confesar: “He ­sido el segundo presidente nor­teamericano que viene de un pequeño estado. Eso nunca habría sucedido sin mis profesores. Ellos me explicaron cómo sintetizar, memorizar, tener empatía, pensar y soñar”.

¿Cuál es el secreto de estos superdotados de la enseñanza? En el caso de Atwell, el éxito de su método radica en “dejar que el niño elija los libros, para que los lea y luego escriba bien”. Y por supuesto la pasión y la habilidad para conectar con los estudiantes y guiarles. Docente desde 1973, esta licenciada en Literatura Inglesa en Maine, en la costa Este norteamericana, parte de la base de que la escritura fomenta las cualidades de eficiencia y productividad. Sin embargo, de joven nunca quiso ser profesora. Fue el primer miembro de su familia en ir a la universidad. Y como el protagonista del filme Profesor Holland, interpretado por Harrison Ford, descubrió su vocación una vez metida en un aula con sus alumnos. Para transmitirles su gusto por la lectura, desarrolló un sistema educativo que expone en el libro In the middle, convertido en una referencia para generaciones de maestros anglosajones.

Tras quedar finalista en el Global Teacher Prize, César Bona, aragonés de 42 años, también ha querido compartir su experiencia publicando La nueva educación (Plaza & Janés). Para dar a conocer sus técnicas y animar a sus colegas a llevar a cabo sus propias ideas educativas, Bona ha abierto un paréntesis en su trayectoria como docente, que ha ejercido en escuelas públicas de Zaragoza –una de ellas en un barrio desfavorecido– y en municipios rurales. “Ser maestro es mucho más que meter datos en la cabeza”, sentencia con su contagioso entusiasmo. Acaso su mejor arma. “Todo el mundo tiene un tubo que une al niño que era con el adulto que es. En al­gunos adultos se obstruye, y en mí está abierto”, aduce este licen­ciado en Filología Inglesa y en Magisterio. Con los alumnos del pequeño municipio de Muel (Zaragoza), Bona creó la primera protectora virtual de animales dirigida por niños, El Cuarto Hocico. La iniciativa obtuvo reconocimiento a nivel mundial y el apoyo de la prestigiosa primatóloga británica Jane Goodall. Con otros estudiantes, montó un vídeo en el que los niños realizaban los sueños de sus abuelos. La experiencia sirvió, además, para reconciliar a los hijos de familias enfrentadas.

El objetivo final de Atwell y de Bona es el mismo. A juicio de la profesora norteamericana, que ha creado su propia escuela, lo importante es que, a través de la lectura, sus alumnos conviertan en “personas más inteligentes, más felices, más justas y más compasivas”. En su centro, abierto a profesores, “hay tiempo de lectura” dentro del horario lectivo. Nancie precisa que no está destinado a una población privilegiada, puesto que incluye a niños con problemas de aprendizaje, dislexia o TDAH.

De niño, César era un alumno tímido, que no se atrevía a participar en clase. Por eso ahora pone el acento en fomentar la expresión oral e implicar a todos. Les hace sentirse importantes –en su aula todos tienen un cargo, desde el jefe de reciclaje al abogado, el historiador o el cabecilla de los sublevados, les coloca en mesas de cuatro sin mirar a la pizarra y les invita a soltar su imaginación, a divertirse aprendiendo. Eso no significa ausencia de normas. Está prohibido gritar, y las palabras respeto –al profesor y a los compañeros–, empatía y esfuerzo se repiten constantemente. “Es urgente que se incluya la educación emocional en las escuelas”, reflexiona Bona, que destaca una frase del discurso de Atwell al recibir el premio a la mejor profesora del mundo: “Innové sin permiso”. “Suele ser el único camino, pero hay que probarlo”, concluye el aragonés.

La escuela más modélica

  • Para hallar un edificio que se adapte a las necesidades de alumnos y profesores y al mismo tiempo a las de la comunidad en la que se encuentra ubicado hay que mirar a Finlandia. La escuela Saunalahti, construida en un barrio residencial de la ciudad de Espoo, reúne todos los requisitos para ser considerado el centro educativo del futuro.Se trata de un amplio y luminoso edificio que permite que las actividades educativas se lleven a cabo fuera de las aulas tradicionales. Mediante la interacción de diversas escalas y atmósferas, facilita la intro­ducción de nuevas formas de aprendizaje, poniendo especial énfasis en el arte, la educación física y el trabajo en equipo. El espacio está pensado para que, una vez acabado el horario ­escolar y el fin de semana, las instalaciones puedan ser utilizadas por los habitantes de la zona, ya sea para hacer deporte u otras actividades culturales.

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