Kilian Jornet

Font:Trailrun
Actualitzat el dia: 05/07/2014

Kilian Jornet: “algo va mal en la sociedad cuando un profesor cobra menos que un deportista”

Entre victoria y victoria en Chamonix, Kilian nos cedió parte de su tiempo de recuperación para charlar sobre carreras, motivación y… los tiempos que corren.

Acababa de vencer en el Kilómetro Vertical, proclamándose campeón del mundo de la modalidad, en los Skyrunning World Championship disputados en Chamonix. Con apenas tiempo para una ducha, Kilian se presentaba para cenar con los periodistas en uno de esos coquetos restaurantes de madera y sillas con piel que reinan en la villa a los pies del Mont Blanc. Se le recibe con un aplauso. Largo. De admiración. Kilian, de pie, no sabe dónde mirar. Busca ayuda con los ojos, quizá en sí mismo. Vivir en la montaña puede hacer que uno se encuentre algo perdido en el estruendo de la humanidad. “En las montañas puedo encontrar la medida de mí mismo, que normalmente se compone de un 70% de silencio, y un 30% de relaciones sociales. Es fácil encontrar estos lugares en el monte cada día. Arriba, casi siempre, estas tu solo”. A pesar de ello, estamos en el centro neurálgico de las actividades en Alpes. Lo que podría considerarse uno de los hogares del atleta catalán, aunque ha vivido en más de una veintena de sitios. “La noción de hogar es relativa para mí. No sabría contestar dónde tengo un hogar. Mi casa está allí donde estoy cómodo”. Al final de la velada, Kilian se muestra más relajado. Hemos charlado sobre carreras, sobre grandes montañas, sobre proyectos y sueños verticales y se ha abierto.

Restan algunas horas para que pruebe fortuna en el Maratón del Mont Blanc, otra de las pruebas de los campeonatos, que a la postre también significará una corona para él. Dos de dos. ¿Hay algún secreto para el éxito? Sí, un secreto a voces. “Cada uno debe hacer lo que ha venido a hacer. Un médico hace su trabajo, y un carpintero. Si luchas duro cada día, todo suele salir bien”. Otra cosa es que por lo general te salga mejor que a la mayoría. Por condiciones, por anatomía, por psicología, Kilian es sin duda un mito viviente, sin haber llegado a la treintena, por su capacidad de lucha, su humildad y, sobre todo, por dejarse el pellejo en cada una de las cosas que hace. “En competición me meto en mi burbuja. Lo doy todo. Haces tu estrategia de forma automática, pero luego te vas adaptando para superar los imprevistos. Al final lo básico es marcarse pequeños objetivos. En carreras largas la clave es no aburrirse”. Se dice fácil. Kilian lo hace fácil. Pero sus resultados son un combinado de ciencia e improvisación. “Casi todo lo hago por sensaciones. Pero he estudidado INEF y entrenado con mucha gente, así que siempre sabes lo que haces. Sensaciones con conocimiento”.

Es un fuera de serie. Corriendo, hablando o contemplando. Su doble victoria en Chamonix venía precedida de la machada del Denali, donde pulverizaba el récord de ascensión al techo de Norteamérica. Una salvajada alpina que, ya sabéis, no debemos repetir en casa. “No hay modelos buenos ni malos. No pienso en ello. Hay que rescatar cosas de todo el mundo, todos podemos ser un buen ejemplo, pero ninguno somos modelo. Tomo los riesgos que tomo, pero son meditados.Cuando sigues un modelo te destruyes a ti mismo. Hay que conocer tus límites, ser consciente de lo que se puede sacrificar. Mucha gente hoy en día va a ponerse medallas en vez de pararse a disfrutar de la actividad”. ¿Y qué significan los vertiginosos desafíos del “Summits of my life”?¿Para qué fijarse la meta en un récord? “Es una cuestión de motivación. Este proyecto me hace vivir, entrenar, soñar. Probar cosas nuevas es imprescindible. Por ejemplo, en Alaska hacíamos lo mismo que en casa: salir a correr, escalar, conocer el lugar… no nos dedicamos a una expedición clásica, a ir a por la cumbre y ya está…”.

Por ahora, pasen las temporadas que pasen, a Kilian no se le adivina un techo. Al final del año su cúmulo de éxitos es tan abultado que pocos se paran a considerarlo. Lo ha ganado todo y no parece que vaya a bajar el ritmo. ¿Hasta cuándo? “Está claro que los años van en contra, aunque por ahora puedo mejorar físicamente. La parte difícil de la carrera de un deportista es saber bajar el ritmo, pasar a otras cosas. Y las hay, mucho más importantes que el deporte. El deporte está sobrevalorado. Es una barbaridad que un médico o un profesor cobren menos que un deportista, eso significa que algo va mal en la sociedad. Si se debe destinar dinero al deporte, sería mejor que fuese a las bases, a la formación”. Una reflexión acertada para los tiempos que corren, más cuando se adivina en su tono un poso de sinceridad y algo de incomprensión por lo que ocurre a su alrededor. Buenas palabras para que le demos unas vueltas en nuestras modorras vacacionales que, por supuesto, Kilian no compartirá. “Mis vacaciones son en noviembre, cuando ha acabado la temporada de carreras y antes de que empiece la de esquí. Suelo tomarme un par de semanas de reposo pero luego, a los dos días me aburro y vuelvo a la actividad. El pasado año nos fuimos a Isla Mauricio, a relajarnos en la playa, de relax. Aguanté un día. Después cambiamos los billetes de avión y volvimos a las montañas. Me lo pide la cabeza, aunque el cuerpo pida descanso”.

La cena ha terminado. Ha contestado pacientemente preguntas en tres idiomas, de los cuatro que habla fluidamente. Hemos compartido una copa de vino, algunas risas, alguna mirada seria. El mito es real. Y es cercano.

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