Zarandeando la educación física

Josep Maria Mora
Actualitzat el dia: 18/07/2015

Apreciados lectores, vaya de antemano que esta presentación no responde al criterio que veníamos realizando en los anteriores números. De aquí su título: «Zarandeando la educación física».

Es una evidencia aplastante observar, verbalizar y escribir que los tiempos están cambiando. Lo vemos en cada uno de los ámbitos de nuestra sociedad. Si tomamos como ejemplo los registros periodísticos, ya sea en los medios clásicos como en la Red, observamos que el lenguaje es mucho más directo. Ya no nos sirven las medias verdades, los eufemismos, las indefiniciones o las expresiones políticamente correctas.

En el ámbito de la reflexión académica, por qué engañarnos, también se ha abusado de estas actitudes, argucias o estrategias para justificar algunas veces lo no justificable ¿Motivos? ¡Mil!: laborales, pseudointelectuales, económicos, personalistas, etc.

Después de más de veinticinco años dando vueltas a esta inquietud, lamento decirles que he llegado a la conclusión de que nuestra educación física es un área constitucionalmente aceptada y nada respetada. Se trata de un área del saber sin presión social, sin presión familiar, sin presión normativa, sin presión colegial y, en algunos casos, sin la suficiente implicación profesional por parte de los docentes que la imparten. Un cóctel demoledor que nos lleva a un futuro como mínimo incierto, si por incierto se entiende intentar llegar un poco más allá del tópico social de «hacer sudar la camiseta a los chicos porque el deporte es sano».

Llegados a este punto, seguro que encontraremos decenas de estudios que intentan demostrar todo lo contrario de lo expuesto. Incluso puede ser que algún colega se siente profundamente indignado con estas afirmaciones. De eso se trata precisamente, no de enfadarse, y sí de zarandear la educación, la educación física. Pues bien, por muchas encuestas que se hayan realizado, ya no me creo los estudios que demuestran que nuestra área es imprescindible y que está muy bien valorada, así de claro. Estoy empezando a pensar que los estudios dicen lo que uno quiere oír o ver.

Vamos por partes. Estoy convencido de que el problema de la educación física no se encuentra en la definición de su currículo. Todo lo contrario, creo que se ha hecho un excelente trabajo al respecto. Tampoco en sus finalidades o funciones. A mi entender, el problema básico es de ejecución, desincronización y financiación con lo que piden los estamentos oficiales y la sociedad. Lo que nos da una sencilla y ridícula ecuación: bajo respeto + baja implicación = descrédito por parte de todas las partes interesadas (Administración, familia y profesor). Intencionadamente, dejo de lado de esta película a los alumnos y alumnas, ya que considero que en este caso son una «víctima» más del proceso. Puede resultar sorprendente, o no, que este análisis contraste de una manera tan clara con el gran interés que despierta la práctica deportiva una vez se ha abandonado el sistema escolar. Aunque en este caso sería fácil acertar el motivo, perdiendo por el camino el concepto educativo.

Como profesor, me daría pánico constatar que mi área no respondiera positivamente a estas inquietudes. Por ética, profesionalidad y princi- pio de equidad de mi labor docente. ¿Entonces? ¿Por qué tantas contradicciones? ¿Qué tiene la educación física que después de tantos estudios y procesos de reflexión aún se siga llamando gimnasia? ¿Se trata solamente de un cambio de nombre? ¿El currículo existe para no cumplirse? ¿Su cumplimiento solamente ha de recaer en el profesorado? ¿Nos hacemos las mismas preguntas que hace 20 años? ¿A los padres les interesa nuestra área? ¿Se trata de familias educadas en el marco de la educación física actual? En este caso, ¿Cómo se entiende el desinterés por los resultados que pueda obtener el niño o la niña en nuestra área? Y lo que aún es peor, identificados los motivos de este sinvivir apasionado de los amantes de la educación física, ¿Cómo podemos alterar las tendencias de desidia, tan anquilosadas en el sistema?

Colegas, nadie más que nosotros puede pinchar esta burbuja o desnudar esta realidad, y a menudo no se trata de la nuestra. Si hemos llegado a leer este monográfico, entiendo que estamos lo suficientemente motivados como para zarandear la educación física. Probablemente lo hacemos cada día. Ahora bien, con estudios o sin estudios, la realidad nos indica que no es la tónica. Tenemos que ayudar a zarandear a los compañeros y compañeras anclados en la rutina; tenemos que presionar a la administración para hacer valer una educación física de calidad; necesitamos inspectores que se impliquen en nuestros contenidos; necesitamos una universidad activa constantemente, no solo en la formación académica de los estudiantes. Necesitamos un colegio de licenciados o una asociación de profesores que aglutine todas estas inquietudes más allá de los paripés institucionales.

El monográfico que tenemos en las manos intenta poner negro sobre blanco todas estas contradicciones desde la ilusión y el conocimiento. Como siempre, mediante un grupo de expertos que luchan día a día para prestigiar nuestra EDUCACIÓN FÍSICA, en mayúsculas. Aunque solo serán un montón de páginas más si no logramos traspasar las resistencias del sistema.

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